Los bancos europeos se enfrentan a una hemorragia progresiva de negocio y, ahora, el Banco Central Europeo (BCE) advierte de que las stablecoins podrían arrebatarles el activo que más duele: los depósitos de sus clientes.
Piero Cipollone, miembro del consejo ejecutivo del BCE, lanzó este viernes la advertencia durante una conferencia bancaria en Roma, donde describió una amenaza en tres capas para el modelo de negocio tradicional de los bancos. Según Cipollone, las aplicaciones de pago móvil ya han comenzado a erosionar las comisiones y los datos transaccionales de los bancos; las plataformas fintech y startups han asumido aún más control, y ahora las stablecoins amenazan con quedarse con los depósitos minoristas.
«Incluso los pagos tradicionales con tarjetas de débito están perdiendo popularidad. De hecho, los pagos móviles están en alza y ya superan una de cada diez transacciones en punto de venta en Irlanda, Países Bajos y Finlandia», explicó Cipollone. «Cuando los clientes usan pagos móviles, los bancos suelen pagar comisiones más altas que las asociadas a las tarjetas de débito y a menudo no reciben información alguna sobre el pago, por lo que pierden tanto comisiones como datos».
Dos tercios de los pagos con tarjeta escapan del control europeo
El panorama es aún más preocupante cuando se considera que dos tercios de los pagos con tarjeta en la zona euro circulan a través de redes no europeas, y 13 de los 21 países de la eurozona carecen de un sistema nacional propio de pagos con tarjeta. Esta dependencia externa supone una transferencia continua de valor hacia operadores internacionales.
Las stablecoins añaden una capa adicional de riesgo. Estos tokens criptográficos emitidos de forma privada mantienen paridad 1:1 con una moneda fiat —casi siempre el dólar— y permiten a los usuarios mantener y transferir dinero completamente al margen del sistema bancario. A diferencia de las fintech como PayPal o Stripe, que aún dependen en alguna medida de la banca tradicional, las stablecoins operan en un ecosistema autónomo. El mercado global de stablecoins ronda actualmente los 300.000 millones de dólares, según datos de DefiLlama, y está dominado casi en su totalidad por emisiones en dólares.
El euro digital como respuesta estructural
La propuesta del BCE es, paradójicamente, su propio instrumento digital: un euro digital emitido por el gobierno y distribuido a través —no en sustitución— de los bancos comerciales. Bajo el diseño actual, los bancos mantendrían las cuentas de los clientes, percibirían comisiones de intercambio y conservarían los datos transaccionales.
El BCE ya ha designado a 36 proveedores de servicios de pago —entre ellos Deutsche Bank, UniCredit y Revolut— para un programa piloto de 12 meses que comenzará en la segunda mitad de 2027. El organismo ha previsto salvaguardias para evitar que el euro digital drene depósitos: no pagará intereses y contará con límites de tenencia para evitar que se use como instrumento de ahorro a gran escala. Según el propio análisis de estabilidad financiera del BCE, el diseño actual no plantea riesgos materiales para la liquidez bancaria.
Las negociaciones legislativas ya están en marcha. El Parlamento Europeo aprobó el 9 de julio el inicio de conversaciones formales con 416 votos a favor y 169 en contra. Cuatro días después tuvo lugar la primera sesión. Los legisladores se han fijado como objetivo cerrar un acuerdo antes de finales de 2026, con vistas a una primera emisión en 2029.
Los críticos no están del todo convencidos, y las repetidas advertencias del BCE sobre las stablecoins no han frenado visiblemente el mercado. Pero la maquinaria legislativa ya está en marcha, y el mensaje del organismo es claro: si los bancos quieren retener depósitos, datos y comisiones, el euro digital puede ser la última barrera estructural ante un sistema financiero paralelo que crece sin permisos ni fronteras.
Fuente: Decrypt · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Criptonews con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.